Casi dos meses
son lo que separan dos escenas muy distintas pero con el mismo
protagonista -Andy Murray-: Aquella en que se quedaba de nuevo con la
miel en los labios y perdía su cuarta final en un Grand Slam, en
esa ocasión en Wimbledon, a la de hace unas semanas, donde le vemos
levantando el trofeo del US Open el primer Grand Slam en su poder.
En los Juegos
Olímpicos de Londres 2012, disputados entre los dos Grand Slam antes
mencionados y donde Murray, con el impulso de todo su país,
consiguió la medalla de oro, es donde probablemente hay que buscar
la gota que ha hecho que Andy vea el vaso medio lleno y crea
totalmente en sus posibilidades. Hasta el último peloteo de
cualquier final de un Grand Slam, independientemente de quien tenga
enfrente.
Así fue en
esta última final y primera de la nueva era dorada de Andy, la del
US Open contra Novak Djokovic. Cualquiera de los dos podía haber
ganado y así se evidenció. Andy en esta ocasión, a pesar de
empezar con dos sets arriba y de repente encontrarse disputando el
quinto debido a la remontada de Novak, no se vino abajo: Supero sus
fantasmas y consiguió alzarse finalmente con algo tan preciado y al
alcance de tan pocos. Ganar un Grand Slam.
Los Juegos
Olímpicos le vinieron muy bien a Andy por varios motivos: primero,
el poco tiempo que hubo entre la final de Wimbledon y su inicio. No
tuvo tiempo de destruirse como en otras ocasiones, y aunque le dolió
mucho perder su cuarta final no hubo margen para nada: en unas
semanas ya se encontraba inmerso en uno de los torneos más bonitos
del mundo.
Segundo, se
disputaron en casa, rodeado de su gente y, sobre todo, representando
a su país. En estas condiciones solo queda una, dar el máximo, no
permitirte ni un desvanecimiento mental ni ningún cabreo fuera de
lugar. Y así fue: vimos a un Andy totalmente centrado y conectado en
todo momento con la euforia positiva de su país.
Tercero en esta
ocasión se disputaron en hierba, en donde el escocés se desenvuelve
como nadie. Precisamente en Wimbledon 2012 desarrollo su mejor tenis.
Y cuarto, el ganar y contra el mágico Federer le dio un plus de
confianza vital para de una vez por todas romper con sus barreras y
provocar una metamorfosis interior, que le permite empezar a remontar
en el casillero de finales de Grand Slam ganadas.
Quien la
persigue la consigue, y en este último párrafo no me refiero a
Andy sino a David Ferrer, con el convencimiento que tarde o temprano
invertirá el orden y será en el primer párrafo en donde se le
nombrará. Una victoria suya en un Grande está cada día más cerca
¡Tiempo al tiempo!
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